¿Estamos en presencia de otra burbuja tecnológica?

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El Nasdaq se acerca a su récord y agrava el temor a una crisis como la de hace 15 abriles. Pero, por lo común, los expertos avisan de que las tecnológicas gozan hoy de más vitalidad que entonces.















Érase una vez un mercado auténticamente alocado en presencia de un Silicon Valley alegre. Érase ese mundo de los abriles 1999 y 2000, cuando grandes firmas cotizadas de renombre dejaban a sus empleados brincar a cualquier hora a los futbolines repartidos por las oficinas, donde era común campar descalzo y desperdiciar millones de dólares en simples fiestas que celebraban las horizontes a Bolsa, que casi tenían área a diario.

Érase ese planeta en el que cada 60 segundos nacía un nuevo millonario en aquel Valle del Silicio. Érase esa posesiones en la que el Nasdaq Composite, el referente del auge de las puntocom, escaló un 570% en sólo un quinquenio para obtener el 10 de marzo de 2000 a los 5.048 puntos.Era el pico de la exaltación. El récord total. El cénit. La información siempre recordada… Y el referente del miedo.

Porque hoy, 15 abriles a posteriori, toca mirar alrededor de detrás y remover los peores saludos. El Nasdaq acaricia ahora esos máximos y, mientras coquetea con los 5.000 puntos, reaviva la pregunta que todos temen: ¿Estamos de nuevo en presencia de una burbuja tecnológica?

Pregunte a 5 expertos distintos y encontrará 6 respuestas diferentes. Porque nadie tiene una hipérbole de cristal capaz de dar una contestación muy relacionada con la propia psicología de los mercados.

Es más: puede repetir la pregunta año tras año y siempre le parecerá que la crisis está a punto de explosionar. «Hay un claro consenso de que estamos asistiendo a nuestra segunda burbuja tecnológica en 15 abriles», decía David Einhorn, popular mandatario de hedge funds en abril de 2014. El miedo no era nuevo. En 2013, el 82% de los inversores encuestados por Bloomberg aseguraba que las acciones de Internet estaban cerca de «niveles insostenibles». Pero ya se decía poco parecido en 2011: «Ahora estamos en la segunda burbuja de Internet, las señales son fuertes y claras», concluía entonces Steve Blank, un reputado patrón y profesor de Stanford. Y en 2010, más de lo mismo: «¿Está el mundo preparado para otra burbuja? Agudo o no, ya puede estar aquí», aseveraba The New York Times.

No es 2015 una excepción en esta secuencia. Durante estos días, y en presencia de la subida del Nasdaq, se pueden encontrar sentencias en el mismo sentido. Sin confiscación, más allá de los alarmismos, la opinión mayoritaria es que más que una burbuja, el mercado asiste a una revolución tecnológica, con empresas mucho más sólidas y con balances más cimentados que en 1999.

Hay que comenzar por entender qué ocurrió entonces para creerse esa disertación. Todo arrancó en 1995, cuando la fiebre tecnológica comenzó a fraguar una burbuja que se hincharía durante cinco abriles. Un auge en el que el precio de las acciones de las puntocom se disparó, a pesar de que muchas empresas, carentes de beneficios, estaban operando en números rojos.

La historia continúa como cuentan los libros y la historia particular de millones de inversores. El reventón arrasó con cientos de empresas, tumbó los mercados, evaporó billones de euros, provocó demasiadas ruinas y desplomó la confianza entre los inversores, que vieron cómo el 9 de octubre de 2002 el Nasdaq marcaba un exiguo de 1.114 puntos. Sólo la salida a Bolsa de Google en el año 2004 logró comenzar a remendar un poco el actitud tras este capítulo cabreado de la posesiones. De la teoría a la maña Para entender cómo sucedió todo carencia mejor que un ejemplo. Entre todos los disponibles, en Wall Street se suele usar el de Pets. com, una empresa de suministro de alimentos para mascotas que perdía billete incluso antaño de salir a Bolsa. Y que se hacía una publicidad multimillonaria en la Super Bowl y en el día de Obra de Gracias de MacyŽs –las pasarelas por excelencia del marketing empresarial– sin ni siquiera tener casi una cartera de clientes. Su resultado acento por sí solo: escasamente pasaron 270 días desde su primicia financiero hasta su deterioro en el año 2000.

No es un ejemplo arrinconado en la oleada de ofertas públicas de saldo de acciones (OPV). En total, en el pico de la burbuja en 1999, 457 compañías salieron a Bolsa, de las que las 74 más grandes sumaban 71.000 millones de capitalización, un valía similar al valía hoy de eBay, de acuerdo a informes de Morgan Stanley.

Se puede dar una revés de tuerca más al referencia: de esas 457 OPV, 117 duplicaron su precio en el primer día de cotización, mientras que ninguna lograba ya tal correr en el año 2001, cuando reinaba la total desconfianza en el mercado. Factset da todavía otra monograma importante: en aquel 1999, el Nasdaq estaba valorado en más de 100 veces las ganancias futuras, frente a un nivel de 20 flagrante. Como comparación, en el Standard & PoorŽs 500, la ratio hoy es de 17,5.

Estas proporciones muestran la diferencia entre la situación hoy y aquella burbuja en la que la exuberancia de las acciones tecnológicas provocó valoraciones superiores a lo comprensible hace 15 abriles.

Y es que las grandes puntocom lucen ahora saludables cifras de ingresos, como es el caso de Google, Facebook o Apple, que en la recta final de 2014 logró superar 18.000 millones de dólares y sellar así el trimestre más rentable para cualquier empresa de EEUUen la historia. No es una peculiaridad despreciable si se tiene en cuenta que Apple, cuya capitalización alcanza ahora el récord de 750.0000 millones de dólares, supone cerca de un 10% del valía total del Nasdaq. En el año 2000, la firma de la manzana escasamente representaba el 0,2% del índice.

Al igual que Apple, otros pesos pesados del Nasdaq, como Amazon o Cisco, sorprendieron en sus últimos resultados con beneficios, ingresos y una caja de dirección más fuertes de lo esperado, lo que explica gran parte del auge de Wall Street, que, por otra parte, es progresivo. A ello se suma que, al igual que las ganancias, siquiera la política de dividendos es igual que la de la burbuja. Pero… Ahora aceptablemente, esto no significa que en algún momento se pueda formar una burbuja. De hecho, cada nueva salida a Bolsa siembra el pánico entre los inversores.

Ocurrió en 2011, cuando la red profesional LinkedIn se estrenó en el Nasdaq con una subida del 171% en el primer día de cotización. Volvió a suceder en 2012, año en el que Facebook debutó con una valoración que muchos tachaban de insostenible de 104.000 millones de dólares y el viejo cuerpo de negociación de toda la historia. La historia se repitió en 2013 con la OPVde Twitter, que cerró su primera etapa con una revalorización del 70%.

Siquiera 2014 fue una excepción: en septiembre, la china Alibaba se convirtió en el viejo primicia de la historia de Wall Street, donde se estrenó con una subida del 38%.

¿Qué pasará en 2015? A la retraso de debuts importantes, quienes más alimentan los fantasmas de la burbuja son el puñado de firmas respaldadas por fondos de renta aventura que están apurado capitalizaciones asombrosas y cuya solvencia no está por ahora auditada.

Es el caso, por ejemplo, de Snapchat, una aplicación móvil que permite despachar fotos y vídeos que desaparecen en función de segundos y que se acerca a una valoración de 19.000 millones. Es casi el doble que el año pasado y muy por encima de los 3.000 millones de la ofrecimiento de importación que lanzó Facebook en 2013.

En caso de lograrlo, Snapchat entraría en el podio de las compañías más valiosas respaldadas por renta aventura, por detrás del fabricante chino de teléfonos Xiaomi (45.000 millones) o de Uber (40.000 millones), otra de las compañías aún dudosas y que algún día mirarán alrededor de la Bolsa, como Dropbox, Jawbone, Pinterest o Airbnb.

Serán las firmas encargadas de escribir el final de este relato, con inversores felices con sus perdices o tan atragantados como en el pasado. Terra, el ejemplo gachupin En España, el principal arquetipo de la burbuja fue Terra, que se revalorizó un 213% en su primicia financiero el 17 de noviembre de 1999. Se estrenó a 11,81 euros y cerró la primera sesión en 37 euros, alcanzando en febrero de 2000 su mayor histórico de 157 euros. La empresa, que dos meses a posteriori compraba el portal estadounidense Lycos, se convirtió entonces en la tercera firma por capitalización, por encima incluso de BBVA.

Pero el sueño duró poco, pues dos abriles y medio a posteriori, en octubre de 2002, cada influencia de Terra valía 1,8 euros. Ya en mayo de 2003, Telefónica lanzó una opa de reserva ofreciendo 5,25 euros por cada título de la compañía, que finalmente dejó de cotizar en julio de aquel año.

Aunque Terra no es la única empresa que viene a la mente al departir de la burbuja española. A ella se suma Asiento Santander, que pagó 95.000 millones de pesetas de entonces–571 millones de euros al cambio– en marzo de 2000 por el portal financiero online argentino Patagon. O Ecuality, concebido como el primer gran tesina de comercio electrónico que vio la luz en España…

Y incluso como la primera víctima que se cobró la burbuja en el país. Si aceptablemente no hay ningún cálculo oficial, sí se estima que el engendro de Internet doméstico pulverizó entre 1.000 millones de euros y 2.000 millones en cinco abriles. Un Nasdaq muy diferente El propio Nasdaq es hoy muy desigual al de la burbuja tecnológica. l El índice flagrante tiene cerca de la medio de los componentes que hace 15 abriles. El sector tecnológico es predominante, pero su peso ha bajado: los títulos relacionados con Internet se han estrecho del 57% al 38%. l La capitalización financiero de las cuatro mayores tecnológicas en 1999—Microsoft, Qualcomm, Cisco e Intel—es hoy el 44% inferior.

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